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Poesía Argentina Contemporánea  y Sus Autores II./  Contemporary Argentinian Poetry and Its Authors II. 

"Vestido de viento", Barriendo sílabas. Libro 21, Raúl Ignacio Lario, Argentina (2018).

    Recuerdo cuando vestido de viento iba a verte,

    tú, sólo me mirabas desde la ventana.

    Mi bici sin frenos y el cielo celeste;

    tú eras mi sol en cada mañana.

 

 

 

 

    El corazón corría, soñaba, iba adelante;

    el polvillo del camino me abrazaba.

    Mis doce años se encendían de esperanzas;

    mi mundo era, de mi hogar hasta tu ventana.

 

 

 

 

    Hoy busco por el camino aquella ilusión;

    paso caminando frente a tu casa.

    El sol se esconde, la tarde se hace nada;

    ayer fui feliz, teniendo… sólo tu mirada.                       

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Libro de visitas

  • Irene Cobo Matas (lunes, 02. julio 2018 14:31)

    Pero qué cosa más bella, dulce e ingenua!!! ayyyns!!!

  • Rocío Pérez Armengol (lunes, 13. agosto 2018 14:44)

    Esta es la que más me ha gustado de todas. Además de la ingenuidad, típica de los 12 años, con la que nos enamora a la audiencia femenina, en mi opinión, tiene un eje principal desde el que todo el poema se halla articulado, que es el par dicotómico hogar/camino o casa/viento. Esta aparente contradicción se articularía a través de la ventana de ella, que une el concepto de hogar/casa con el de camino o viento. El mundo del niño no es simplemente un mundo de niños sino de adultos. El niño quiere hacer cosas de adultos. Me aventuraría a decir que el niño añora formar un hogar, un nuevo hogar junto a su ilusión, su sol, que es ella. Aunque "el polvillo del camino" le abrazaba, el precoz niño de este poema, en realidad, busca el abrazo de la persona de quien está enamorado. No hay supuestos, ni medias tintas. Está esperanzado y habla desde el corazón, desde la ingenuidad de la voz de un chiquillo de 12 años. Está muy enamorado y va "sin frenos", sin impedimentos, sin miramientos ni ataduras de ningún tipo. Yo diría que hay una trasposición, un "trasplante" de la mente de un hombre amoroso que desea un hogar a la mente infantil, ingenua y aún inmadura de un niño de 12 años que apenas acaba de abandonar su niñez. Repleto además de bellísimas e ingenuas metáforas ("vestido de viento"=en el camino; "Mi bici sin frenos"=mi amor sin frenos; el abrazo del "polvillo del camino"=el abrazo de su amada; "Mis doce años"=yo -el niño), a cada cual más bella e ingenua que la anterior, este breve pero intensamente emocional poema está plagado de hermosura, fragilidad, esperanza, ilusión y, sobre todo eso, belleza, articulada en ese eje hogar/camino, que nos muestra el amoroso pensamiento de su autor: "la tarde se hace nada". Ella es su sol (su alegría) y si atardece (se va el sol), queda únicamente la nada (la más absoluta falta de todo, la tristeza).

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"Poeta con título de poeta" ("Poet with poet's accreditation") por/by Hugo Asencio, Buenos Aires, Argentina (2018).

                                    La melancolía difusa / entrañable

                                   y lejana que mi memoria reclama

                                                  tuve hambre y tuve amor

                          las calles desprolijas del barrio umbilical
                              con su boulevard su luna y su charco

                  y en la mesa de un bar Oviedo / el universo
                   de papel y tinta / y una piba en la ventana

             una piba en un zaguán y un pibe en el umbral

                      anticipándose al amor y a las despedidas

         

 

 

la pobreza nunca pudo superar a la imaginación

ni siquiera subrayar angustia ante lo innecesario

tuve hambre y tuve amor

hubo lluvias / roces y miradas
inéditos aromas / palabras tormentosas
y miedos / muchos miedos

                                                                                                           el barrio silencioso era la patria
                                                                                     la vida artesanal / las emociones a estrenar

                                                                                         nuestros padres en sus sonrisas inmortales
                                                                                                      contemplando nuestra existencia
                                                                                                        y nosotros esperando por la vida

hubo música / lágrimas y brisas

parecidas a la muerte /

amores desencontrados
y amores competitivos
que nos llevaron al desencanto

                                                                la mirada verde de mi padre siempre fue un alivio

                                                                  la mirada silenciosa de mi madre siempre fue un alivio

en la esquina de La Esperanza
había puertas secretas / pasadizos
directos al universo

en esa esquina intuimos el amor y la destrucción /

el pánico a hacernos hombres
y nuestra soledad en el cosmos

nuestra fragilidad

                                                                                               yo sentía escalofríos que eran poesías
                                                                                           y me hice ladrón de tinta y de ensueños
                                                                                         habitante de hojas / servilletas y cortezas

primero busqué en tus ojos
la metáfora de una melancolía

y descubrí /
ya sin zaguán / sin umbrales y sin vos
que el hambre es inolvidable como el amor

y que yo siempre quise ser poeta.

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Libro de visitas

  • Javier María Caicedo (miércoles, 30. mayo 2018 15:14)

    Este poema colorido e intimista rezuma matices de índole sexual. Está rebosante de una intensa melancolía casi sobrehumana.
    Pero el autor ha sabido trasnmitirnos esperanza. La Esperanza que, curiosamente, es el nombre del lugar donde el amor y la destrucción hacen conjuntamente su aparición en el alma del poeta. Un alma joven solitaria y frágil que se negaba a crecer buscando en pasadizos secretos la entrada directa al universo, directa a la imaginación, que desdibujara una realidad de pobreza mucho menos agradable.
    De ese lugar es de donde deriva su melancolía.
    Y conforme nos adentramos en su lectura, la brillante descrición de sus versos se impregna de una bella contradicción en los sentidos, en lo que sentimos y en la concepción que tenemos sobre la vida, contradicción tan típica en el y del ser humano.
    Porque somos seres imperfectos. Porque al serlo nos contradecimos.
    Pero es justamente en esa contradicción en la que se haya la perfección que se ansía: el alma de quien "siempre quiso ser poeta".

  • Bereniç Clos (jueves, 31. mayo 2018 19:45)

    "escalofríos que eran poesías"
    Eso ocurre cuando verdaderamente sientes el sentimiento poético, la verdad que es simplemente que has nacido para expresarlo.

  • Manuel Pérez Riquer (jueves, 14. junio 2018 18:25)

    "yo sentía escalofríos que eran poesías
    y me hice ladrón de tinta y de ensueños
    habitante de hojas / servilletas y cortezas"
    nbellísimas metáforas para un poeta que ama la poesía y la describe mediante sus versos:
    la poesía es al poeta que roba tinta para componer y está repleto de ensueños,
    que utiliza cualquier papel (hojas, servilletas y ¿cortezas?) para plasmar
    sus "escalofríos", que es como llama a sus poesías.
    Tanto el título del poema "Poeta con título de poeta"
    como sus últimos versos
    "que el hambre es inolvidable como el amor
    y que yo siempre quise ser poeta."
    emanan el deseo ferviente de Hugo Asencio, conocidísimo actor argentino, de ser considerado poeta.

  • Matías Vera Carrizo (jueves, 14. junio 2018 19:36)

    actor y director

  • Valentina Aguirre (domingo, 17. junio 2018 14:49)

    La mirada verde, rasgo característico del gran Hugo Asencio...

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