Revista Éxito y Pensamientos Success and Thoughts Magazine
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Obras Literarias de Éxito:     Ficción Épica o Histórica II./      Successful Literary  Works: Epic or Historical Fiction II.

Con títulos tan sorprendentes que relatan desde el Imperio Incaico, la Baja Edad Media, el s.XVI, la Alemania nazi o el terrorismo en Afghanistán, Blanca Miosi (Perú) se declara partidaria de los temas de intriga, misterio, historia, acción y aventura.

Blanca Miosi nos ha dado permiso para que publiquemos esta entrevista suya que concedió a https://www.elquintolibro.es. Hemos seleccionado los fragmentos que nos han parecido más jugosos:

Escribir, escribir, escribir y escribir. Ésas son las palabras que mejor definen a una mujer que domina el mundo literario desde la A hasta la Z. Ha sabido hacer de la palabra escrita un modo de vida, y lo hace sin rehusar las nuevas tendencias y la nueva forma de ofrecer literatura al mundo, pero también sin perder la esencia de lo que significa ‘el negocio’ de ser escritor. Es tan honesta con los nuevos tiempos como con la verdadera identidad de la literatura. Esta escritora es un pez en el agua de la era digital online y tiene un océano entero de seguidores que avalan su ya dilatada carrera y producción.

Ella es Blanca Miosi, novelista peruana y residente en Venezuela. Necesitaríamos muchos renglones para nombrar todas sus obras publicadas, pero entre ellas destacan algunos títulos como la trilogía de El manuscrito, La lista, El rastreador, Dimitri Galunov y un largo etcétera más. Su carrera comenzó en 2008, con una novela ‘La búsqueda’, basada en la vida de su esposo, superviviente de Auschwitz y Mauthaussen, obteniendo una gran acogida internacional. Desde entonces, no ha parado de escribir y publicar; pero también de mostrar su experiencia en las redes sociales y en diversos programas de radio en los que ha trabajado.

Siempre dispuesta a charlar, a enseñar y aprender, Blanca nos brinda la posibilidad de saber más de ella con esta entrevista que nos apetece comenzar así.

Si unes éxito y Amazon en una ecuación, con casi total seguridad nos dará como resultado Blanca Miosi. ¿Has buscado ese triunfo o él te ha buscado a ti?

Ambas cosas. Creo que un escritor ansía ser leído, es el motivo que me llevó a dar lo mejor de mí en mis libros. Como resultado obtuve la respuesta de un público que poco a poco me dio a conocer. Aclaro que el triunfo todavía lo sigo buscando.

Nos separa un gran charco, y eso a veces, genera una visión desacertada de la realidad. ¿Cómo está el mundo literario en Latinoamérica?

En Latinoamérica la literatura es considerada una especie de culto. Muy raras veces un auto publicado tiene éxito por estos lares porque son vistos como parias, es decir: escritores fracasados. Espero que esa percepción cambie y con la incursión de Amazon den más crédito a la nueva generación de autores provenientes de la generación Amazon. Menciono a esta empresa porque es la más relevante, pero se aplica a cualquier otra plataforma de auto publicación.

¿Puede llegar a ser un escritor latinoamericano una persona relevante en su país?

Por supuesto. Por estos lados tenemos muchos buenos ejemplos: García Márquez, Vargas Llosa, Borges, Reverte… Y acercándome más a estos tiempos algunos autores ganadores de Premios como Alfaguara y Planeta por mencionar a los más prominentes: Jorge Volpi, mexicano; Santiago Roncagiolo, peruano; Laura Restrepo, colombiana; Eduardo Sacheri, argentino, Skármeta, chileno; Bryce Echenique, peruano, entre otros.

¿Cómo definirías tu obra si la vieses de forma global desde fuera?

Si la viera como un lector supongo que tendría mucho cuidado en empezar a leer alguna de mis obras. Soy inclasificable. Y esto para algunos lectores puede llamar a confusión. Me desenvuelvo en géneros diversos: historia, ciencia-ficción, thrillers… y estos géneros escritos por una mujer, que, además, no es española, y que por último, vive en Venezuela, es un hándicap que debo sortear, pero una vez superado creo que consigo lectores fieles.

Las que más resuenan a este lado del charco son La búsqueda, El manuscrito o La lista, pero, ¿tienes alguna predilección entre tus obras?

Tal vez La búsqueda por ser la primera y por tratarse de un tema que me llega en lo personal, pero creo que he escrito varias que valen la pena: El manuscrito, El rastreador, La lista, El sustituto, El legado, todas de diferentes temáticas.

"La búsqueda" ha sido la novela en español más vendida de todos los tiempos en Amazon. ¿qué tiene esta novela que todo el mundo la lee?

Probablemente sea porque es la historia de un chiquillo que narra sus experiencias con los nazis desde una visión no judía. Por otro lado no se limita a esa parte de la historia. Crece, se convierte en hombre y ya en América su pasado lo acosa, es perseguido por el Mossad, por los nazis, y está presente en la tragedia de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. En pocas palabras: no es una historia más de campos de concentración o de nazis.

Tus novelas están traducidas al inglés, francés, alemán, turco y el próximo año saldrán en idioma chino. Has cubierto el ochenta por ciento de los idiomas del mundo. ¿Has alcanzado el límite de tus sueños o aún te quedan más sueños por alcanzar?

Dos de mis novelas están ya a la venta en chino: La búsqueda y El manuscrito, y no creo que haya cubierto el ochenta por ciento de los idiomas del mundo (risas), el límite de mis sueños aún no lo he alcanzado, creo que me falta mucho y ojalá me quede vida para llegar a él.

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Libro de visitas

  • Andrea Hervas Bayo (sábado, 01. septiembre 2018 19:46)

    Interesante esta entrevista. Blanca Miosi es mi autora fetiche. Libro que saca, libro que compro. ¡Besos!

  • Roxana Azpiazu Bagur (domingo, 02. septiembre 2018 13:16)

    La mejor escritora, prueba viviente de que Latinoamérica está más presente que nunca en la élite de los literaio.

  • Iris (lunes, 03. septiembre 2018 01:08)

    Muy buena entrevista. Siempre recomiendo leer La búsqueda cuando empiecen a leer a Blanca. Los demás vienen solo. Felicidades!!!

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Pilar González, escritora y terapeuta Gestalt, nos invita a adentrarnos en el mundo del suspense y la intriga con su reveladora e interesante historia “El espejo egipcio”.

Hay una grieta en el tiempo que se abre en ocasiones y cuando ocurre nada es lo que parece.

Esto, sin embargo, lo supe mucho después de haber comprado el espejo que me atrajo por algún motivo insólito o, quizá, por su forma extraña y su brillo peculiar; el que zarandeó mis cimientos y causó mi cataclismo interior. Entonces no lo hubiese creído, ni me lo habría imaginado. La existencia de otras vidas paralelas, de exóticas dimensiones, de mundos desconocidos, era algo que no encajaba en mis esquemas, aunque estos se cayeron como un castillo de naipes y fueron borrados de golpe, al igual que las huellas de pisadas en la arena del desierto cuando sopla el siroco.

Poco más tarde de haber entrado en la tienda que albergaba aquel reflector de imágenes, germinaron en mi mente mil dudas e interrogantes: ¿Soñaba aquellas historias que parecía vivir o provenían de su luna enmarcada en obsidiana? ¿Me estaba volviendo loco o influía sobre mí? ¿Era un espejo maldito? ¿Tenía razón el comerciante?

No en vano ya me advirtió de su carácter maligno. Lo cierto es que, cuando me acercaba a él, en vez de encontrar mi rostro proyectado en el metal, en su interior descubría sombras que me vigilaban y enigmáticas personas que musitaban mi nombre. Por ello mi escepticismo se tornó credulidad y ni de día ni de noche logré apartarlo de mi pensamiento, al que rondaba de modo intermitente en principio y en el que más adelante se instaló como una obsesión punzante. Ni siquiera conseguí desterrarlo de mis sueños.

Aquel verano de 2010, recién cumplidos los treinta y nueve años, decidí tomar unas pequeñas vacaciones. Mi trabajo de escritor me había impedido hacerlo en mucho tiempo. Paseaba por las calles de Grazalema, una pequeña villa de la ruta de los pueblos blancos de Cádiz, cuando pensé en comprar un regalo para mi madre. Lo hallé en una discreta tienda de antigüedades, uno de esos lugares abarrotados de muebles y reliquias donde una atmósfera densa y un mohoso olor a añejo lo envolvían todo.

A pesar de estar medio oculto, enseguida llamó mi atención; más bien parecía que él me hubiese descubierto, por el modo en que me atrajo, como si repitiese mi nombre entre susurros. La forma triangular del espejo y su luna de plata enmarcada en obsidiana lo hacían único. Su tamaño era más bien pequeño, manejable, lo justo para ver mi rostro reflejado. Emitía un brillo singular; los escuálidos rayos que habitaban el local se concentraban en él y los amplificaba, vigorizándolos.

El hábil comerciante, un hombre bajito, de tez morena y pelo negro, poseía unos ojos pequeños y oscuros que desprendían una mirada pícara y penetrante, delatando su destreza en las artes del comercio y contrastando con lo que transmitía el despacho. Quizá por ello no di demasiado crédito a la ingeniosa historia que me contó del objeto.

El dependiente me aclaró que estaba reservado y no podía venderlo. No había caído en retirarlo y lamentaba que lo hubiese visto. Consideró una extraña casualidad que, en un mismo día, dos personas lo quisiéramos comprar, pues llevaba algunos meses en el comercio, desde que su hermano lo había obtenido en un rastrillo. Argumentó que esa misma mañana, apenas una hora antes, un señor reparó en él y enseguida le pidió que lo apartara, no llevaba dinero en efectivo y la tienda no disponía de datáfono. Pero yo le insistí, no suelo darme por vencido cuando deseo algo. Le propuse pagar el doble de su valor y ni siquiera entonces resolvió vendérmelo, porque le costaba romper la palabra dada al señor que había hecho la reserva. Sugerí que podría ocurrir que ese hombre no volviera y yo le aseguraba la venta. Enseguida urdió otra historia.

Decía el negociante que el misterioso espejo era diabólico, que atraía la mala suerte y a errantes espíritus, maldiciendo así a los propietarios, porque el pariente desde que lo compró solo había tenido tropiezos. Supuse que, con tanta resistencia, trataba de obtener un buen precio, mas no hacía falta inventar fábulas, ya me había encaprichado y decidido que sería mío a costa de lo que fuese. Así que le ofrecí doscientos cincuenta euros, pero tampoco le pareció bastante. Notaba que me iba poniendo tenso, que me entraban ganas de asestar un mal golpe al tipo, de coger el espejo y salir corriendo; en cambio, le di mi tarjeta, prometiendo que le dedicaría mi próximo libro y que recomendaría su comercio. Pensé que gracias a mi fama de escritor cambiaría de idea, porque a cualquiera le seduciría que alguien conocido elogiara su negocio. El hombre, confirmando mi creencia, por fin accedió subiendo el precio a trescientos euros.

Pagué el importe que estipuló, satisfecho de haber logrado mi objetivo. El individuo también se sintió feliz, lo adiviné en su socarrona sonrisa. Creería que había sido fácil hacer tan buen trato o que el necio de mí picó el anzuelo con su ladina historia, pero algo me decía que era al contrario, intuía que ese objeto era mucho más valioso.

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  • Carmen María Hermida Baró (domingo, 19. agosto 2018 18:00)

    Seguramente el hecho de que la autora sea sicologa tiene que influir en la calidad de este libro para bien. No puedo esperar a poder tenerlo entre mis manos y poder disfrutar de su lectura.

  • Runa Lindberg Gómez (sábado, 25. agosto 2018 23:54)

    Este libro tiene un misterio y una "magia" que te transporta al Egipt, como en las mejores películas antiguas.

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