Revista Éxito y Pensamientos Success and Thoughts Magazine
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Obras  Literarias  de  Éxito:   Cuentos y Relatos V./    Successful Literary Works: Tales and Stories V.

"Soñaba con cambiar el mundo" de Cecilio Gamaza Hinojo.

Soñaba con cambiar el mundo.

La luz del atardecer iluminaba su rostro moreno. En sus pupilas se multiplicaba por dos el mar y el cielo, ese mosaico de colores que solo el ocaso es capaz de mezclar de esa manera, siempre diferente, única. Antes de que oscureciera del todo, se giró hacia la derecha; allí, una mancha oscura y delgada se interponía entre el cielo y el mar, la tierra prometida. Desde pequeño sentía fascinación por ese lugar inalcanzable.

Ya no era aquel niño de pelo ensortijado al que le encantaba ver anochecer, aquel que una noche de verano, deambulando cerca de la orilla, encontró el lugar donde se cumplían los sueños de su gente. Era madrugada, no recuerda bien qué hacía allí a esas horas, pero sí lo que vio. Varias personas, como sombras fantasmales, salieron de entre los matorrales y avanzaron hacia el agua, allí los esperaba una barcaza con un hombre dentro, una sombra aún más oscura. Por alguna razón, aquella silueta le dio miedo. Ya no era el niño que a partir de aquella noche soñó convertirse en una de esas sombras; hoy sería una de ellas.

Llevaba toda su vida intentando ahorrar lo suficiente para cruzar al otro lado; no podía quitarse de la cabeza cómo se había precipitado todo. Dos días antes su abuela lo mandó llamar.

La encontró fuera de la casa, apoyada en su bastón. Buenos días, abuela, ¿querías verme? La saludó. Hola, sí, ven, le respondió ella y se dirigió adentro. Cada día la veía más pequeña, más cansada. Tu abuelo… ¿te acuerdas de abuelo? Le sorprendió la pregunta. Ella le hablaba de espaldas, mientras cogía algo de entre unos enseres, al fondo de esas cuatro paredes que eran su casa, ahí lo tenía todo, aunque todo, en su caso, no era casi nada. No mucho, abuela, yo era muy pequeño. Acércate, dijo ella después de haberse girado, tenía en una mano algo envuelto en un trapo. Tienes sus ojos, continuó, mientras él se acercaba. Sí, mi madre me lo dice mucho. Ella lo miraba con ternura. Tu abuelo también soñaba con cambiar el mundo, le dijo. “¿También?”, aquello le sorprendió. Mientras en su mente de niño iba creando su imaginaria tierra prometida, fue creciendo en él la necesidad de cambiar la suya, de cambiar las cosas: ¿Por qué tenían que cruzar el mar para encontrar un lugar mejor? ¿Por qué su tierra no era un lugar mejor? Lucharía para conseguirlo, no sabía cómo, pero lo haría. Tu abuelo también quería cruzar al otro lado, dijo eso tendiéndole lo que tenía en la mano. Abuela… sin saber que era aquello, supo de su importancia; ¿estaba ahí el sueño de su abuelo? Toma. Lo cogió y deslió la tela. Era dinero, no hubiera imaginado nunca que su abuela pudiese tener tanto guardado. La miró entre sorprendido e intrigado. No sabes lo que le costó guardarlo. Pero abuela… Ella lo interrumpió con un gesto. Esto es para cruzar al otro lado.

Había oscurecido, el mar y el cielo se habían fundido entre ellos, apenas se distinguían. Los recuerdos de esos últimos días le estaban pesando. La abuela no era la única que lo había ayudado.

Aquel día, después de visitarla, se encontró con un amigo de la familia. Todos lo conocían como “el cojo”. También caminaba con un bastón, aunque él no lo hacía por el peso de los años, sino por una fractura que le dejó la pierna maltrecha. Se saludaron, él casi no se detuvo, pero el cojo continuó hablándole. Vienes de casa de “Madre”, ¿verdad? Así conocían a la abuela. Sí, vengo de allí. ¿Y qué tal? Por la mirada del cojo, presintió que la pregunta no era para interesarse por Madre, pero respondió: Bien, cada día más joven. Se quedaron en silencio unos segundos. Bueno, que tengas un buen día, se despidió. El cojo asintió con la cabeza. Cuando se giró para marcharse, lo llamó. Toma, le dijo ofreciéndole algo. Se puso nervioso, no podía ser. ¿Qué…? Toma, repitió, no te quedes aquí. Siento no poder ayudarte más. ¿Cómo…? No sabía que decir, el cojo vivía de la caridad de los demás, y eso no daba para mucho; el accidente lo había dejado en la miseria dentro de la miseria. Me da vergüenza darte tan poco, pero cógelo… ¡Mira! El día que volvamos a vernos, tráeme un buen bastón y en paz. Dalo por hecho. Gracias, de verdad. El cojo le había dado tres monedas, demasiado.

Empezaba a soplar viento cuando vio la barcaza llegando a la orilla. De entre la maleza comenzaron a salir las demás sombras, qué, como él, se acercaban en silencio al agua. ¿Cuántos trapos llenos de sueños habría costado aquello? Se preguntó, sorprendido por la cantidad de personas que iban embarcando. Sentado ya en la barca, fue mirando a sus compañeros de viaje; casi todos eran jóvenes, había varias mujeres y niños; eso le produjo mucha inquietud. No pudo evitar acordarse de sus hermanos, de toda su familia. Acababa de despedirse de ellos, el recuerdo lo angustió: “Madre”, su madre, sus hermanos, su hermana, “el cojo”, sus amigos, sus tíos y primos. Había grabado en su memoria la imagen de todos, cada uno de sus gestos, sobre todo el de su madre, qué lloraba, pero se forzaba en sonreírle, “te quiero”, le leyó en los labios cuando se alejaba, “y yo a ti”.

La barca se puso en marcha despacio, iba demasiado cargada, no podía moverse. Una ráfaga de viento lo hizo estremecer. “No está tan lejos”, pensó, buscando con la mirada la delgada y oscura mancha.

Aquella madrugada, el cielo y el mar se volvieron crueles, aquellos que tantas veces había visto, fascinado por su belleza, zarandearon aquella miserable barcaza llena de sombras hasta hacerla zozobrar. Aquella noche viajaban en busca de la tierra prometida más de cincuenta personas, el agua se tragó cuarenta y nueve.

Soñaba con cambiar el mundo, pero no sabía nadar.

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  • Ainhoa Peris Bahamonde (domingo, 23. septiembre 2018 19:51)

    Fantástico historia. Me ha conmovido totalmente. estupendo el autor Cecilio Gamaza Hinojo, su manera de narrar. Sabe mantener el suspense hasta el final. Toda una gozada leer a estos magos de la escritura. Gracias a esta revista por traernos a los mejorcito, lo último de la literatura, que sin duda alguna merece la pena leer.

  • Joaquin Prieto gonzalez (miércoles, 26. septiembre 2018 11:12)

    Gracias por este relato tan agradable de leer que se hace corto. Mi mayor deseo es que sigas publicando,y así deleitarnos con el producto de tu imaginación.

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Café y cigarrillos para un funeral, Roberto Martínez Guzmán, Orense, Galicia, España (2018).

            

          Sábado, 8:00 horas

La irreverente luz del sol de julio disparando sus rayos desde el albor, marcó el inicio del día tantas veces anunciado en aquellos anónimos. Eva, después de pasar por la comisaría, se citó con Delfín a las ocho para desayunar en la cafetería Titanic. Mientras, tres policías, disfrazados de improvisados electricistas, inspeccionarían a fondo su vivienda.

En la terraza de la cafetería, Eva colocó su cara intentando recibir en ella los primeros rayos del sol del día. Delfín, en cambio, se sentó de espaldas, quizá porque a él aquella mañana le parecía un atardecer. Un ocaso prolongado, macabro y que estaba poniendo a prueba su resistencia. Pese a no haber podido conciliar el sueño en toda la noche, se presentó a la cita con la inspectora perfectamente afeitado e impecablemente vestido. El café, solo y cargado, lo despejó aún más:

—Como  se  imagina no he podido dormir —dijo nada más sentarse—. Pero no me importa, prefiero estar despierto. Pueden ser mis últimas horas en este mundo y quiero vivirlas conscientemente.

Su discurso sonaba tranquilo, sosegado, impregnado de un aplomo sorprendente.

—No se imagina la  de cosas que es capaz de pensar una persona en su última noche, la de momentos que es capaz de revivir, la de personas que te das cuenta que te han sobrado en la vida, y la de ellas que te faltan…

Eva escuchaba con empatía, quizá por ello supo mantenerse en silencio cuando el hombre necesitó hacer un alto para buscar nuevas palabras.

—Sabe, en esta vida los sentimientos más fuertes siempre se nombran con palabras cortas y se firman con actos grandes. Esta noche, pensando, me he dado cuenta de que los mayores errores de mi vida siempre han sido motivados por hablar mucho y actuar poco. Y ahora que me gustaría cambiarlo, creo que ya es tarde.

—No, quizá no lo sea.

—Inspectora, la vida es como un sueño. Nadie te pregunta si quieres tenerlo, ni si es ése el que quieres tener, pero después deseas que nunca suene el despertador. El problema es que en mi caso, creo que alguien me ha retrasado el reloj con toda la mala leche del mundo y todavía nadie ha encontrado la manera de desconectarlo.

—Debemos ser optimistas —apuntó la inspectora.

—No soy optimista ni pesimista, solo realista. Y aunque puede intentar convencerme de lo contrario, no me negará que la cosa está difícil. Si hubiesen detenido a mi asesino, me habrían llamado de noche. He estado esperando esa llamada, pegado al teléfono toda la noche.                                                                                

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  • Manuel Segura Martínez (domingo, 01. julio 2018 21:14)

    Uffff... ya estoy deseando saber cómo termina. ¿Entonces el tal Delfín, el que habla, está muerto?

  • Rosa María Maroto (domingo, 01. julio 2018 21:31)

    Según parece, parece que la inspectora le ha invocado pero algo tarde (para él), por eso Delfín sabe que la inspectora aún no sabe quién es su asesino.

  • Eli Vázquez Sánchez (domingo, 01. julio 2018 21:33)

    Yo abogo por un desdoblamiento de la personalidad. La inspectora habla consigo misma e inventa el personaje de Delfín
    con el objetivo de obtener nuevos datos para su investigación.

  • Rocío López Carrascosa (domingo, 01. julio 2018 21:35)

    Eso parece del todo absurdo. Será médium.

  • ELI (domingo, 01. julio 2018 22:14)

    Lo mismo da.

  • Jose Carlos Segovia Baeza (lunes, 02. julio 2018 14:27)

    No inventeis. No esta muerto. Si no NO PODRIA hablar.

  • Manuel Segura (lunes, 02. julio 2018 15:49)

    ¿Entonces por qué habla de su propio asesinato?

  • Roci (lunes, 02. julio 2018 17:50)

    Fijaros. Es el discurso de un muerto viviente: Refleja todo el desencanto y el tedio de quien sabe que ya ha llegado al final
    de sus días, pero en otro plano.

  • Estefani Jiménez (lunes, 02. julio 2018 18:34)

    M mi me mola lo de la cafeetría Titanic

  • Rosa María (martes, 03. julio 2018 00:18)

    Parece la metáfora del hundimiento de una persona.

  • Elii (martes, 03. julio 2018 14:02)

    Es la metáfora del fin de las relaciones humanas tras la muerte, sobre todo las relaciones de amor, como
    ocurría eb la peli de Titanic, por eso Delfín trasnmite ese gran dolor.

  • Eliii (martes, 03. julio 2018 17:59)

    Lo que no se le puede negar al autor es que nos mete ganas de leerla, jj

  • Chema Vilar Espinosa (miércoles, 04. julio 2018 10:18)

    Hay dos autores que se llaman igual, pero el otro es de Colombia ¨;

  • Rosa María (miércoles, 04. julio 2018 14:34)

    ¡¡Qué curioso!!

  • Jose Carlos (miércoles, 04. julio 2018 17:39)

    De curioso nada. Es un nombre y un apellido muy comun. La probabilidad de que te llames asi es BASTANTE alta.

  • Rosa María (jueves, 05. julio 2018 18:24)

    Sí. A mí me gusta mucho leer sobre Colombia y Venezuela. Ambos países están dando escritores muy interesantes, sobretodo en crónica literaria.

  • Magali Hernández (viernes, 06. julio 2018 14:44)

    Sí, pone los pelos de punta conocer sobre esas realidades. Pero a este Roberto Martínez de Orense no se le puede negar
    que también los ponga como escarpias.

  • Eliiicita (viernes, 06. julio 2018 19:10)

    Qué caguetas!! El tal Delfín no estaba muerto. Era una broma del escritor.

  • Manuel (sábado, 07. julio 2018 13:39)

    Leeros el libro y nos salimos de dudas.

  • Rosa María (sábado, 07. julio 2018 18:07)

    Sí, jaja, habrá que leerlo.

  • Almudena Gil (domingo, 08. julio 2018 22:47)

    buena idea

  • Eliiicitita (lunes, 09. julio 2018 15:02)

    Pozzz zí.

  • Juan Alfonso Martín Nieto (miércoles, 11. julio 2018 20:58)

    Tiene buena pinta.............

  • Manuel (sábado, 14. julio 2018 17:39)

    Está muy bueno.

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"Una ilusión por el mate", cuento inédito. Luz Marina Zuluaga Tinoco, Cartagena, Colombia (2018).

Olga no conocía a Argentina, pero desde lejos admiraba algunas de sus costumbres, como el amor por los libros y por el mate.

Una vez llegaron las vacaciones, se animó a conocerla, compró pasajes y viajó por primera vez a ese bello país. Su mayor motivo era abrazar nuevamente a sus hijas que viven allá desde hace un año. Para ella, noviembre es la época apropiada. Buenos Aires está alegre, lleno de luz y de árboles florecidos.
Desde que pisó tierra porteña, le llamó la atención la forma cómo los argentinos consumían el mate, por eso se dedicó a indagar un poco sobre esta hierba. Descubrió que era un producto antioxidante que previene el envejecimiento. Olga quedó impresionada. Se preguntaba: ¿a él deberán su longevidad? ¿y su energía, a pesar de fumar tan seguido? -Lo llevan consigo a todas partes y el rito siempre es esencial, incluso fuera de su país- seguía pensando Olga.

Entusiasmada con el mate, quiso hacer lo mismo. Compró dos bolsas y se dijo a sí misma, “¡ahora sí, bienvenida juventud divino tesoro!”. 

Al verle el entusiasmo, su amiga Elena, de Argentina, le regaló una bolsa de mate y le explicó cómo se elabora. Sin lograr mucho éxito.
Ya en su país, pasaron seis meses…  Un día su esposo al ver esas bolsas guardadas por tanto tiempo, le dijo: “vamos a abrir una bolsa de esas  y preparamos un buen mate…se van a dañar”.  -Yo no sé cómo se prepara, lo hago como si fuera un té-. Entonces, tomó una olla pequeña, le echó agua y la dejó hervir preparándolo igual que el café. Olga no alcanzó a tragar el primer sorbo cuando exclamó: -la verdad es que esto sabe feo, ¡no le encuentro la gracia! –dijo a su esposo que la miraba con ojos risueños-.

Fue suficiente para que se le acabara toda la ilusión por el mate, tal vez el gusto que sentía por su tinto de “café-café” no daba cabida a otra bebida aromática. 

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  • Ana María Riera (lunes, 28. mayo 2018 20:52)

    Tiene un punto realmente interesante,, con ese tango maravillosamente divino tan argentino

  • Araceli Sosa (martes, 29. mayo 2018 17:06)

    Donde se ponga un buen tango (y un buen mate) que se quite TODO lo demás !!

  • Valentina Vives (miércoles, 30. mayo 2018 19:29)

    Es una oda al mate (o quizás al café) como bebida aromática. Luz Marina brilla mucho en esta obra risueña y entregada. Porque en cada frase la autora entrega toda su alma.

  • Mercedes Ferreyra (viernes, 01. junio 2018 18:30)

    Esta autora mezcla con buen tino cotidianidad, situaciones cotidianas, con la viveza y el exotismo del lenguaje.
    Amante de la lectura, familiar y hogareña, Luz Marina nos transporta a un mundo de sensaciones y "misterios" de sobremesa
    en el que el rito argentino de beber mate cobra una inusitada importancia. Siempre que el café no tiña de recuerdos el gusto por su adorada patria.

  • Daniela Acosta Quiroga (jueves, 07. junio 2018 19:08)

    Realismo pero del bueno en este relato que gira en torno a a la hora del té.

  • María Luisa Ruiz Trujillo (lunes, 11. junio 2018 16:59)

    Me gustó este relato. Esta autora sabe cómo transmitirnos sensaciones agradables haciendo referencia al mate o al café, las infusiones o bebidas
    de las que nos acompañamos cuando nos reunimos con los amigos o nuestros seres queridos para contarnos qué tal nos va, nuestras historias.

  • Ángela Barrios Acosta (lunes, 11. junio 2018 19:17)

    Bella personificación de Argentina, ya desde la primera línea: "Olga no conocía a Argentina". La autora intencionadamente coloca un
    complemento indirecto (de persona), la preposición "a", mientras que a los países como Argentina, al ser territorios (cosas) les correspondería el complemento directo (sin la preposición "a"). Tras esta primera declaración de intenciones, que hablará de Argentina como si fuera un ser propio,
    Luz Marina nos lleva con destreza al rito del mate, de tan riquísima infusión, tan típicamente argentino. Corona su cuento al final con una alusión rápida al café: La autora es de Colombia. Como creando una especie de lucha en su cabeza: ¿mate o café?, ¿Argentina o Colombia?

  • Mónica González Gil (viernes, 29. junio 2018 16:03)

    Me gusta mucho esta autora. ¿Dónde puedo leer más de ella?

  • Luciana Reynoso (domingo, 15. julio 2018 18:41)

    Amo esta historia!! Felicidades eres una excelente escritora.

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