Revista Éxito y Pensamientos Success and Thoughts Magazine
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Literatura Latinoamericana./ Latin American Literature. 

Escribía con mucho esfuerzo mi primera novela corta. Llevaba ya cosa de dos capítulos. El argumento debía entrar por tanto en el nudo, y la trama me exigía, por eso, que uno de los personajes muriera, debía morir de manera trágica, además. Dicho de otra manera, debía matar, en ese tramo, a aquel personaje que existiría durante toda la historia, pero muerto, sin lo cual la historia no tendría sentido alguno. Juan, según dio en llamarse, debía, por tanto, morir. Estaba ya a punto de meterle tres puñaladas y una patada en los huevos al Juan aquél, cuando de pronto le oigo decir al muy cobarde: «¡Eh!, tú, no me mates. Yo no quiero morir aún. Déjame vivir, ten piedad, dame otra oportunidad». Soy un blando, definitivamente: la novela corta va ya por la página ocho mil trescientos veinticinco, y de capítulo, el quinientos. Creo que nadie alguna vez llegará a leerla.

I was writing with a lot of effort my first short story. By then I had written almost two chapters. The plot should thus correspond to the climax. And the plot, for this reason, demanded a detailed ending on my part, one of the characters should die, should die in a tragic way, besides. In other words, I must kill, in that phase, that character that should exist during the whole story, but died, without being died the story wouldn’t have any sense at all. Juan, as he was called, should therefore die. I was on the point of stabbing him thrice and giving him a kick in the balls to the Juan we’re talking about, when suddenly I heard him say, the coward!: «Hey!, you, don’t kill me. I don’t want to die yet. Let me live. Have mercy, give me another chance». I’m a wimp, definitively: I’ve got as far as page eight thousand three hundred twenty-five for the short story, and as far as chapters, chapter five hundred. I feel no one will ever read it. 

 

"Karlo Duthosso", Un placer poco frecuente. Cuentos y relatos,

(EN: An infrequent pleasure. Tales and stories), 

Carlos William Pantoja, Popayán, Colombia (2018).

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Venezuela ingresa en la vida republicana maltrecha de guerras y ávida de cultura. Una generación desvelada e idónea deberá cimentar la ciencia, la política doctrinaria, la literatura de creación.

Ensayo sobre Doña Bárbara de Rómulo Gallegos

Por Sebastián Elías Campo Pérez

Comprender una obra literaria requiere de una capacidad de inferencia un tanto elevada y, por supuesto, una investigación a priori de la misma y su autor, es decir, del contexto (año, situación política, económica, social, etc. del país o territorio del escritor) en el que fue escrita la novela. Esto con el fin de que el lector no se quede con la historia que se aprecia por encima. Lo importante es, como se dice popularmente, leer entre líneas, saber qué se esconde, critica, plasma detrás de la trama de dos personajes quienes luchan por su amor, por mencionar un solo ejemplo.

Ahora bien, dentro de esa lectura implícita, dentro de lo que a simple vista no se ve ni entiende, juegan un papel crucial los personajes porque ellos sirven a los autores como símbolos de algo que se representa en la obra y ayuda al lector a analizar mejor el desarrollo que se le expone. Tal es el caso de la obra máxima del escritor venezolano Rómulo Gallegos, Doña Bárbara, en la que él hace una crítica al régimen de Juan Vicente Gómez y le imprime valor, simbología, representación a los personajes quienes transmiten esa lucha del venezolano, del llanero venezolano por tener una vida pacífica y civilizada; una vida en donde la inteligencia humana logra reprimir a la devoradora de hombres –la naturaleza- hacia el bien común y un orden establecido.

La historia de Doña Bárbara es la conversión de la inocencia y pureza al despotismo y odio hacia los hombres. Teniendo quince años a Bárbara le arrebataron el amor y la virginidad –esta mediante violación-, lo cual conllevó a un desprecio hacia los hombres y el no dejarse mandar por ellos, logrando convertirse en la dueña y señora del llano de Apure, en la cual las leyes las imponía ella a su favor y contra la voluntad del resto. Bravura, dominio, sangre, muerte son algunos de los sinónimos relacionados con Doña Bárbara quien se topa con el amor y la sublevación personificados en un hombre.

¿Cuántas mujeres no se identifican con Bárbara? Muchas. Sobre todo en América Latina donde cada vez salen casos de menores violadas y quienes en la edad adulta conservan ese trauma. ¿Cuántas de ellas no se enfrentan con un hombre quien las hace revivir su fe en el amor? Muchas, también. En cualquier parte del mundo sucede que encuentran a un Santos Luzardo. Es esta la idea, que las personas se sientan identificadas con los personajes. Pero también que logren deducir qué es lo que encarna cada protagonista y antagonista. De esa manera, los lectores logramos hacernos una idea del fin de la historia, de lo que quiso hacer el escritor, nos formamos unos argumentos para sentar nuestra posición en un, qué sé yo, conversatorio literario, etc.

El ser humano por muchos siglos fue nómada, no se detenía a vivir ni poblar en un solo lugar, lo cual lo llevó a mantener en defensa de los animales que podían hacerle daño. Pero llegó un momento en el que, por condiciones climáticas, por la moneda, empezó a crear poblaciones, a asentarse y crear casas, sistema económico, leyes, normas, entre muchas otras cosas que en su conjunto se llamó civilización. Todo esto lo representa Santos Luzardo. El hombre de ciudad. El hombre de ideas nuevas. El hombre quien iba al llano a poner normas para una mejor convivencia entre los campesinos. El hombre civilizado quien lucharía contra la barbarie e impondría calma ante la naturaleza. Fue con la intención de crear cercos, de combatir la corrupción e ilegalidad de Bárbara. Siendo él un hombre estudiado, abogado, tomaba como inicio la ley, la ley del llano, lo legal, para ganar sus contiendas. Y al ver cómo se manejaban las cosas allá, no desistió de su lucha.

Su rival, Bárbara es lo completamente opuesto. Como no es estudiada, le tocó forjarse un nombre y un poder a punta de su sagacidad y atributos femeninos para con los hombres. Siempre habitó el llano y conoce sus manejos y los que no, los imponía. Ella viene a ser la barbarie, porque la muerte, las amenazas a quien no quisiera cumplir sus deseos, el infundir miedo, robar ganados, la mal distribución de tierras, el querer imponerse sobre el resto, simbolizaban el salvajismo que hubo empezando la vida del hombre. También la ilegalidad, puesto que ella acomodó la Ley del llano a su favor. De igual modo, el soborno a políticos por favores que ella hizo, la “amistad” con el presidente, el uso de su poder femenil para enamorar al Coronel Apolinar. Bárbara es la devoradora de hombres, esa naturaleza que aplica sus designios. Personifica el despotismo. Ella mandaba en Apure. Todo lo sabía. A ella llegaban noticias de lo que se hacía en esa tierra sin su permiso. El abuso de poder lo encarna a la perfección.

Por otra parte, Marisela es la hija de Bárbara y prima de Santos. La joven deambula por el llano andrajosa y mal vestida. No tiene educación ni buenos modales para hablar y referirse a la gente. Parece un poco a Víctor de Aveyron, el pequeño salvaje. Un niño quien fue encontrado y llevaba tiempo viviendo en la selva: no hablaba, no entendía a su cuidador, no leía, no escribía, pero aquel lo fue instruyendo para que comprendiera cómo funcionaba el mundo y maneras de transmitir lo que sentía y quería. Asimismo, Santos, cuando descubrió a Marisela, le daba lecciones sobre cómo debía comportarse una señorita, cuáles eran las palabras adecuadas para relacionarse, etc. Es similar a la crianza de un niño, sea propio, familiar o ajeno, en la que los padres, o encargados, le ofrecen los primeros pasos para ser una persona de bien, civilizada. Marisela representa la inocencia e ignorancia –en el buen sentido de la palabra- de niños en el mundo quienes no saben lo que pasa a su alrededor, quienes creen que todas las personas son buenas y no les harán daño, quienes no tienen conocimiento de lo que atraviesan sus progenitores para darles una buena calidad de vida.

Alguna vez, querido lector, habrás tenido a alguien, quizá, en un pedestal y te decepcionó. Otra vez, tal vez, sentiste que el amor llegó a ti pero solo fue una ilusión y jugaron con tus sentimientos. Lo anterior lo refleja Lorenzo Barquero, padre de Marisela y primo de Santos. Barquero era el reconocido de la familia, ese muchacho quien estudiaba en la universidad y prometía grandes hazañas -las cuales pudo haber conseguido, obviamente-, quien poseía una gran capacidad de habla y argumentación, pero que tanto estudio, tanta comprensión del mundo, tanta filosofía lo hizo desistir de eso y volver a la intemperie del llano, a lo desconocido y peligroso, enamorarse de Bárbara quien vio en él a uno más de su lista pero con quien se sintió la más maldita cuando rompió un pacto que tenía con ella misma: concebir. Santos lo admiraba de pequeño cuando su madre le hablaba y ponía de ejemplo a su primo Lorenzo, pero cuando fue a La Chusmita a conocerlo sintió decepción y compasión de encontrarlo en tal estado. Aun así, para romper la tradición de guerra entre Luzardos y Barqueros, lo acogió en su hacienda con el fin de arrancarlo del mundo del alcohol en el que se veía sometido. ¿Cuántos hombres y mujeres no sufren un despecho amoroso, quedan con odio hacia ese ser quien les prometió todo y no les dio nada y caen en lo más bajo que puede caer un individuo? Demasiados, diría yo. Conozco casos. Como Lorenzo hay a montones en el mundo, tanto hombres como mujeres. Mas, lo peor que podemos hacer en una situación como esa es entregarnos a lo que la vida quiera hacer con nosotros.

Siguiendo la línea de la representación, faltan aún dos personajes importantes: Ño Pernalete y Míster Danger. El primero es el jefe civil de la región. Es amigo de Bárbara. Amante al dinero y el poder. Encargado de impartir justicia, pero cuál justicia, la de la señora, por supuesto. Pernalete simboliza la corrupción, tema dominante en la política de América Latina. Míster Danger, por su parte, encarna a Estados Unidos. El país norteamericano que tanta desgracia ha traído a pueblos y campesinos de Latinoamérica. Bien lo explica Gallegos en un capítulo dedicado al yanqui: “Le agradó la región, porque era bárbara como su alma, tierra buena de conquistar, habitada por gentes que él consideraba inferiores por no tener los cabellos claros y los ojos azules. No obstante el rifle, se creyó que venía a fundar algún hato y a traer ideas nuevas (claro, hombre bonito, civilizado, de nación con poder económico, por qué no vendría a ayudarnos, ¿cierto?), se pusieron en él muchas esperanzas y se le acogió con simpatía; pero él se limitó a plantar cuatro horcones, en un terreno ajeno y sin pedir permiso, a echarles encima un techo de hojas de palmera, y una vez construida esta cabaña, colgó su chinchorro y su rifle, se metió en aquel, encendió su pipa, estiró los brazos distendiendo los potentes músculos y exclamó: -All right! Ya estoy en mi casa”. Bastante estadounidense lo último, ¿no? Tomar posesión sin pedir permiso, y al fuerza, a un territorio por simple y llano gusto. Y cuando no es porque quieren, se inventan algo para que la gente necesite de ellos. No en vano sacaron buen provecho después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuál es la relación entre el gringo y el jefe civil llevado a la realidad? La corrupción. Uno quiero dinero y poder, Ño Pernalete, y otro manda en el país o región en materia política y económica, Míster Danger.

La única y mejor manera de lograr que un lector entienda la trama de una historia, lo que se esconde detrás de ella, es simbolizar algo en los personajes, que los lectores se sientan identificados con ellos. Está bien que haya gente más ilustrada que otra. Gente con más formación académica que otra. Pero no exenta que alguien del, a mi juicio, mal llamado común no pueda comprender en trasfondo de una novela literaria con lo que entienda de lo que significa tal o cual personaje en la misma. Es cierto que para algunos casos de novelas deberá averiguar sobre ellas, tener bases de comprensión de lectura, de saber algunas figuras literarias, pero cada persona da una interpretación distinta de lo que escucha, ve, siente y, en este caso, lee. Si todos interpretáramos lo mismo, qué gracia tendría escribir obras tan magnas.

Si se identifican con el despecho de Lorenzo, si se ven personificados con Santos, si creen que se fijaron en ella para darle vida a Bárbara, si sienten que Marisela las define, si se creen gringos, si alguna vez fueron corruptos como Pernalete, el escritor ha ganado un lector fiel quien no se le irá fácilmente, leerá sus próximos libros y hasta lo recomendará. Esta sería la más superficial de las conquistas que un autor puede conseguir. Pero lo verdaderamente esencial es que ese libro toque a la persona quien lo lee y detalla, cause un impacto en él.

Y no solamente es que se sientan atraídos y asemejados con un personaje, sino la habilidad de asociar a ese personaje o a determinada situación en la que se ve envuelto ese personaje con el personaje de otra obra, con otro suceso de diferente novela, como fue mi caso con Marisela y el pequeño salvaje, Víctor de Aveyron. ¿Sabías que esta es una de las características de un buen lector? Asociar personajes de distintas obras, relacionar situaciones, da una mejor comprensión de lectura.

Como lo viste, querido lector, empatarse con un personaje puede ayudarte a comprender lo que él representa y entender la historia y el hilo de la misma que muchas veces no es lineal y juega con los tres tiempos. De igual manera, debes saber que tener unos conocimientos previos sobre la obra y el autor te servirían de ayuda. Y haber leído otras obras o tener situaciones similares o haber escuchado unas, visto otras, ayudará a tu asentamiento de determinado sucedo en la novela que lees a la realidad.

Leer es un placer. Y si es una obra que te atrapa, también. Existen novelas que parecen aburridas, y lo son, pero indagar sobre por qué, cómo y en qué momento se escribió te puede ayudar a entenderla y saber algo más.

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